OCESA–Live Nation, el gigante del entretenimiento que domina los espectáculos masivos en México, vuelve a estar en el centro de la polémica.
Con cada nuevo festival o concierto de su propiedad y bajo su operación —Ceremonia, Vaivén, Quevedo, El Tri, entre muchos otros— se repite un patrón: falta de seguridad, accidentes y un intento anticipado de deslindarse de toda responsabilidad.
La advertencia colocada durante el Festival Vaivén, realizado en Jardines de México (Morelos), encendió las alarmas: un cartel dirigido a los asistentes informaba que los organizadores “no se hacen responsables por accidentes, lesiones o daños sufridos dentro del evento, aun cuando sean causados por ellos o por terceros u omisiones”.
No se hace responsable, pero si explotan la imagen de los asistentes para sus múltiples negocios.
Así ocurrió el primero de octubre en el concierto de la banda Zoe en el Estadio GNP Seguros del Autódromo Hermanos Rodríguez.
En las pantallas se mostró la leyenda: “El evento al que asisten será grabado para la producción de una obra audiovisual. Al estar presente en el recinto, usted acepta y reconoce que será considerado como participante del evento, por lo cual da su consentimiento para ser filmado, grabado y/o fotografiado. Asimismo, acepta que por su participación en el evento autoriza a Universal Music Group México, S.A. de C.V., a las compañías del grupo Universal Music (Universal), o a cualquier tercero que Universal designe, a fijar, difundir, transmitir, reproducir, poner a disposición del público cualquier material que incorpore su imagen, de cualquier forma y en cualquier medio, formato o soporte conocido o por conocerse, en cualquier territorio y a perpetuidad”.
Estos mensajes desatan indignación en redes sociales y entre especialistas en derecho, que califican los avisos como una afrenta a la ley y a la dignidad humana.
“¿Entonces es legal morir dentro de un festival?”, escribió un usuario.
“Imagínate tener que entregarle tu alma a Live Nation y OCESA para poder entrar… no tienen madre”, reclamó otro.
UN HISTORIAL DE DESASTRES Y EVASIÓN
La controversia por Vaivén llega apenas seis meses después de la tragedia ocurrida en el Festival AXE Ceremonia, celebrado el 5 de abril en el Parque Bicentenario, donde dos jóvenes fotoperiodistas, Berenice y Miguel, murieron aplastados por una grúa metálica que colapsó debido a los fuertes vientos.
Ambos se encontraban cubriendo el evento cuando la estructura cayó sobre ellos. OCESA–Live Nation propietarios y organizadores del festival , atribuyeron la responsabilidad a un supuesto contratista externo, pero la realidad es que toda la logística , promoción y operación estaban bajo su control, al tratarse de un evento con acceso limitado, boletaje y marca registrada dentro de su circuito de festivales.
Lo mismo ocurrió con el desplome de las gradas en el concierto de Quevedo, en el Palacio de los Deportes, también operado por la misma empresa.
Tres personas resultaron heridas, entre ellas los primos Samantha Moreno y Raúl Valderrama, quienes cayeron desde seis metros de altura por una falla estructural.
Ambos denunciaron abandono y nula atención posterior por parte de OCESA. “Nos prometieron apoyo médico y nunca regresaron. Para ellos, ya pasó; para nosotros, apenas empieza”, dijo Raúl meses después del accidente.
Lo mismo ocurrió en el festival Vaivén , de su propiedad, en el cual por “intoxicación” trasladan a un asistente y muere en el hospital . Sin dar noticia alguna.
EL NEGOCIO DE LA IMPUNIDAD
Expertos en derecho señalan que estos “deslindes anticipados” son ilegales e ineficaces, ya que ningún organizador puede evadir su responsabilidad por incumplir normas de seguridad o protección civil.
La Constitución mexicana, en su Artículo 1º, garantiza el derecho a la justicia y la reparación del daño.
Asimismo, tanto en la Ciudad de México como en Morelos, las leyes de Espectáculos Públicos y de Protección Civil obligan a los organizadores a garantizar la integridad física de los asistentes y responder por cualquier incidente derivado de su omisión o negligencia.
En términos legales, los boletos o carteles con cláusulas de “no responsabilidad” no eximen a las empresas. Son, en el mejor de los casos, intentos de disuadir denuncias, y en el peor, una burla abierta al Estado de derecho.
“Legalmente esos disclaimers no son válidos. Igual son responsables”, escribió un abogado en redes al ver el aviso del Vaivén.
¿Y LAS AUTORIDADES?
La pregunta es inevitable: ¿hasta cuándo las autoridades seguirán siendo cómplices de OCESA–Live Nation?.
Año tras año, los festivales operados por esta corporación reciben permisos, ocupan recintos públicos bajo un esquema especial de concesiones, conocidos como Permiso AdministrativosTemporal Revocable), como es el caso del Palacio de los Deportes, Autódromo Hermanos Rodríguez o Auditorio Nacional. Organizan y operan, pero cuando ocurre una tragedia, nadie asume responsabilidad. No hay sanciones, no investigaciones concluyentes.
Solo hay silencio y comunicados ambiguos que desvanecen la culpa entre subcontratistas y proveedores.
Mientras tanto, los muertos y lesionados se acumulan. Todos víctimas de un sistema donde el espectáculo vale más que la vida.
“SI ENTRAS, ACEPTAS MORIR”
El cartel del Vaivén es más que una advertencia: es el símbolo de la impunidad institucionalizada.
Decirle a miles de jóvenes que, al cruzar la puerta de un festival, renuncian a su derecho a la seguridad y la justicia, equivale a una sentencia anticipada de indefensión.
No existe en ninguna ley mexicana el derecho de las empresas a “deslindarse de matar por accidente”, ni a tratar la vida humana como un riesgo colateral del entretenimiento.
Pero eso es exactamente lo que OCESA–Live Nation hace: evadir, minimizar, y continuar vendiendo boletos.
LLAMADO URGENTE
Los accidentes en Ceremonia, Quevedo, Vaivén y otros eventos revelan un patrón que ya no puede llamarse “casualidad”: Infraestructura deficiente, medidas de seguridad insuficientes y, sobre todo, un desprecio sistemático por la vida de quienes hacen posible sus ganancias.
Porque en México, parece que mientras haya música, luces y patrocinios, la justicia se apaga entre aplausos.





