Preventa fallida expone a OCESA

Estrella Flores

La reciente intervención del gobierno federal ante las quejas por la venta de boletos para los conciertos de BTS volvió a colocar en el centro del debate un problema que no es nuevo: las fallas sistemáticas en los procesos de preventa y venta general de espectáculos masivos organizados por OCESA en México.

Durante la conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se refirió a las inconformidades expresadas por el movimiento ARMY, luego de que miles de personas reportaran irregularidades en precios, mapas de ubicación poco claros, caídas del sistema y boletos que desaparecieron en cuestión de minutos.

La mandataria calificó la llegada del grupo como una petición histórica de jóvenes mexicanos y subrayó la necesidad de proteger a los consumidores.

La Procuraduría Federal del Consumidor confirmó que recibió miles de quejas relacionadas con este proceso y que inició comunicaciones formales con Ticketmaster, empresa operadora de la venta, para exigir transparencia.

Sin embargo, el caso BTS no es un hecho aislado, sino parte de un patrón que se repite desde hace años en conciertos de alta demanda.

En eventos de artistas internacionales y nacionales —de giras pop, rock y K-pop— los usuarios han documentado preventas que colapsan, boletos que aparecen como “agotados” en segundos y, posteriormente, entradas disponibles en plataformas de reventa a precios inflados.

Aunque las empresas argumentan alta demanda, especialistas en consumo señalan que la falta de controles eficaces favorece prácticas opacas.

Uno de los reclamos más graves es la circulación de boletos falsos o duplicados, problema que recae en la cadena de venta y validación. Consumidores han denunciado que, aun comprando en canales “oficiales”, llegan a los accesos y se les niega la entrada por boletos ya utilizados o invalidados, sin que exista un mecanismo ágil de reparación del daño.

La empresa promotora OCESA, que concentra gran parte del mercado de espectáculos en el país, ha sido señalada de manera recurrente por no asumir responsabilidad directa en estas fallas, delegando los reclamos a intermediarios y dejando a los asistentes sin solución inmediata.

En la práctica, esto se traduce en pérdidas económicas y en la imposibilidad de ver al artista por el que se pagó.

Organizaciones civiles y colectivos de consumidores advierten que la falta de sanciones ejemplares ha permitido que estas prácticas se normalicen.

Aunque Profeco ha emitido recomendaciones y abierto expedientes en distintos momentos, las medidas no han derivado en cambios estructurales en los procesos de preventa y venta.

El caso de BTS, uno de los actos musicales con mayor convocatoria global, exhibe con claridad un modelo que prioriza la velocidad de venta sobre la certeza jurídica del consumidor.

Mientras no se establezcan reglas claras, auditorías técnicas independientes y sanciones efectivas, miles de personas seguirán quedando fuera de los conciertos, aun después de pagar por un boleto que nunca pudieron usar.

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